Su despertó por el hormigueo que sentía en los brazos.
Ella estaba, una vez más, amarrada a todo su ser, pero sus nudos eran suaves y su piel, de seda.
Miró para su derecha, intentando no despertarla. La claridad era un hecho.
"El día vuelve a empezar y estás acá...conmigo", pensó.
"Estás acá conmigo y en silencio, observándote, pasaría mis últimos días", su corazón completó la frase.
Cerró los ojos y se concentró en percibir su respiración. Era su profundidad la que le hacía pensar que estaba soñando. Se preguntó dónde estaría ella y si estaría en su compañía. La abrazó un poco más fuerte para que, en caso de que así no fuera, pudiera aparecer en sus sueños y decirle cuánto la quería, cuánto la había extrañado durante esos días.
El trabajo, los problemas, las responsabilidades y las obligaciones empezaron a aparecer en su mente. Todo se vio interrumpido cuando ella dejó de soñar, se dio vuelta y dándole un beso en el cuello pronunció un tierno buen día.
Sus dedos se entrelazaron con los suyos. No hubo una sola vez durante todo ese tiempo que, al hacerlo, no le dieran escalofríos. El saludo estaba siempre acompañado de sus manos y ese roce particular que le indicaba que todo seguía ahí, intacto, ajeno al tiempo y las circunstancias.
Apretó un poco su mano y se ilusionó pensando en que quizás ella había podido percibir todo su amor en ese gesto.
Luego...la magia: sus labios se volvieron a encontrar, en cámara lenta.
"Soñé con vos recién", le dijo estando encima suyo. Su voluntad se había cumplido. "Estábamos en un campo abierto, hacía calor, pero no tanto y yo miraba unas montañas y vos me abrazabas por detrás, muy fuerte".
Sus ojos se agrandaron, expresando sorpresa y una sonrisa se dibujó automáticamente en su cara.
"No sé por qué sentí tan fuerte ese abrazo", le dijo ella refregándose los ojos para intentar abrirlos.
"¿Pero te gustó?", le preguntó aún sonriendo.
"Sí. mucho", y terminó la conversación con otro beso, antes de levantarse de la cama.
Sus ojos se agrandaron, expresando sorpresa y una sonrisa se dibujó automáticamente en su cara.
"No sé por qué sentí tan fuerte ese abrazo", le dijo ella refregándose los ojos para intentar abrirlos.
"¿Pero te gustó?", le preguntó aún sonriendo.
"Sí. mucho", y terminó la conversación con otro beso, antes de levantarse de la cama.
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