No puedo darte recuerdos. No los tengo. Se escapan, se van.
No puedo regalarte ni siquiera alguna sonrisa o carcajada que hayamos compartido. Es que se borran.
No se cuan presente estoy verdaderamente en todas mis vivencias porque al fin y al cabo parecen no haber existido. Lo único que hace mi mente es deformarlas, asi que tampoco sirven.
Te puedo dar una calle quizás, un pasaje bonito o una avenida repleta de árboles. Puedo indicarte cómo llegar a algún lugar (si es que tenés la suerte de que lo conozca), esa me sale fácil, pero porque existe físicamente, es tangible.
Te puedo contar que hay un Axe y un perfume dulzón de mujer que me remontan al pasado, pero no sé cuándo fue la primera vez que los percibí, ni dónde, ni cómo. Sólo están ahí y cuando aparecen los reconozco. Yo te los marco, pero nada más.
Mi caja de memorias no funciona, no importa cuánto haya vivido al lado de alguien, ni cuántos momentos hayamos pasado juntos. Se va a ir, tenés que saberlo de antemano, así evitamos los reproches y toda esa parte aburrida que termina en ningún lado.
Podés cargarme si querés, sería una buena forma de lidiar con esto.
Capaz me tomé muy en serio esto del "aquí y ahora", tanto que no tengo más que eso, o sea nada.
No tengo marcas en mi conciencia. Las puedo tener en el cuerpo y en el corazón, pero definitivamente no en la mente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario