-¿Qué vas a hacer a partir de ahora?
-Voy a escribir una novela ¿Qué te parece?
-Me parece muy bien ¿Qué tipo de novela?
-Una buena novela. Buena para mí. Yo no creo que tenga talento ni nada de eso. Pero, como mínimo, pienso que si uno, cada vez que escribe, no se vuelve un poco más sabio, entonces no tiene ningún sentido escribir
-Claro
-Escribir para ti mismo...O escribir para las cigarras
-¿Las cigarras?
-Sí

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septiembre 19, 2014

rulitos

Sus párpados tienen sobrepeso y pienso que tiene sentido. 
¿Cómo proteger semejante tesoro sino? 
La naturaleza es sabia.
Tengo el deseo de que no aprendan a hacer dieta, 
esperanzas vanas, no me cuestan. 
Cálidos, siempre cálidos sus ojos 
combinan delicadamente con su sonrisa. 
Mientras cuenta que todos los días son año nuevo, 
mi secreto es mirarla 
y robarle todos sus detalles.
Impune con su desconocimiento 
busco entre sus recovecos sin parar.
La piba es armonía y lo ignora. He ahí su dicha. 

septiembre 09, 2014

hubo un momento donde fueron uno

Es tan linda y está tan triste. 
Ya no le quedan lágrimas. No llora más, dice. 
Porta esa pena que, en silencio y de forma gradual, moldea hacia abajo las cejas hasta instalarse en el rostro.
Su boca relata una y otra vez el fracaso del amor. 
Desconocidos van y vienen escuchando sus relatos. Quizás de con alguien que en verdad la quiera oir...

Sus ojos cuentan de una tristeza que no tiene solución.  
Gritan con desesperación que encontró a su amor y fueron uno. 
Luego su amor se perdió sobre sí. 
Más tarde ya no pudieron ni hablar y contrataron abogados. Y así los sueños que compartían empezaron a ser relatados por otros, los problemas arreglados por terceros y sus emociones se tradujeron en trámites y papeles y firmas. Muchas firmas. 
Puede que una hoja, un garabato y el peso absurdo de la ley cambien las cosas. 
Ella quiere creer que sí. 
Ahí va otra esperanza. 

El acuerdo está firmado pero ella permanece triste.
Yo podía sentir cómo crujía su corazón en cada firma.
Tan simple para su representante y a la vez tan mortíferas dentro de ella. Eran pequeñas dosis de cianuro. 
Hasta que ya no hubo más qué firmar. 
Hecho consumado. Que pase el que sigue. 
Quise abrazarla. Los formalismos lo impidieron. La ayudé como pude. 

Dudo que la vuelva a ver.
Sé con certeza que su belleza continuará vislumbrándose aún entre tanta niebla. 

febrero 24, 2014

todos reirían conmigo

Siempre me habla de lo que van a cenar. Mas o menos a partir de las 7 y media de la tarde arranca con los planes. Es la vuelta a casa antes de volver a casa. 
Pizza, fideos con tuco, ensalada de lechuga, tomate, papa, huevo y brotes, completa, completísima.
Puede ser también pollo al horno o alguna milanesa. No es que sea nada del otro mundo, es que ese lugar es todo su mundo y yo, después de tener la misma conversación durante años, la miro y me río. 
Es que si todos pudieran ver cómo se rie, cómo disfruta de los detalles, cómo baila tan mal y la pasa tan bien, cómo sufre en silencio sin molestar a nadie y cómo me ayuda...todos reirían conmigo, no tengo dudas.


-¿Vos qué vas a comer?
-No sé boluda, no tengo la menor idea, pero ojalá que sean pastas. Por favor que no sea pescado, qué no sea pescado! 
-Jajaja, no sabés cómo están los morrones de mi huerta. Ricos morrones.
-Ojalá mi balcón soportara al menos una albahaca, dudo que llegue a los morrones
-Cuando te mudes para acá, vas a ver...Sigue en venta el departamento que vimos el otro día...
-Me estás jodiendo...vos sabés que 
-Che, ya te dije que no me gusta que hablemos en clase, después la seguimos
-Pelotuda  

Camina escuchando reggae y ska, liviana después de tanta tormenta.

¿Quién se atrevió a decir que la lluvia la iba a detener? Pero si hasta la he visto sacudirse el cuerpo empapada, cual perro, dar algunos pasos y salir airosa. Huracanes, tornados e inundaciones, siempre la misma actitud.    
La veo llegar. Mis ojos se agrandan, mis mejillas se levantan, se ensancha la comisura de mis labios. Sonrío. 


-Boluda sos un témpano de hielo
-Siempre me costó el temita de la cuestión corporal
-Pero te juro que te abrazo y no te siento, por más que te aprete
-Es que me pone incómoda que me estén demasiado cerca 
-Te estoy dando amor
-Ya sé, pero me cuesta igual  

Como dos manos que se entrelazan en perfecta armonía, a veces sentimos igual. 
Ella piensa donde ya reflexioné. Yo piso las mismas baldosas flojas de las que ella se quejó. Reímos de la misma manera y compartimos el silencio. 
Hoy miramos el cielo casi con la misma incertidumbre y con la misma certeza. 
Le pido a las estrellas que estos días titilen con más intensidad . Le pido a la luna que sea tu confidente en mi ausencia. Te abrazo fuerte todos los días, sea donde sea que esté. Y por más lejos que nos encontremos, aunque sólo sea un tren y un bondi de distancia, se que sonreímos internamente y pensamos al unísono: Ya va a pasar, será sólo una anécdota más.  

-¿Te imaginás a los nenés con esos tremendos ojos azules y tu pelo?
-Sí, ya me lo han dicho. Van a ser preciosos
-¿Y los voy a poder llevar a la plaza? ¿Me los vas a prestar?
-Sí, claro que sí, en algún momento tengo que coger yo también
  

enero 26, 2014

ju


La veía siempre desde la ventana. 
Cajas, bolsas, carteras, valijas y libros. Siempre cargaba con alguna de esas cosas.
Con tantos bártulos encima, le sorprendía la rapidez con la que cerraba la puerta de su casa. "O tiene mucha habilidad con las manos o yo simplemente jamás podría hacer eso", pensó una vez. Se sintió un poco inútil, luego ella desapareció al cruzar la calle y el pensamiento se evaporó. 
De noche también la observaba. La luz de su palier daba justo en el reflejo de la puerta de la cocina. 
"Qué hará llegando tan tarde? Debe estar tan cansada", se dijo a sí misma. 
El otoño, la primavera y el verano vieron esta rutina sin demasiada alteraciones, pero un día algo mágico ocurrió. 

La señora de la prisa se sentó en el escalón de la puerta de su casa. Ella corrió la cortina y la observó. No tenía paquetes. Algo debía haber pasado.
No había más que ella y su cara triste. No había más que ella, su expresión y sus lágrimas. 
Abrió la puerta sin dudarlo. Cruzó la calle, caminó hasta tenerla en frente y la miró.
Con las manos sosteniéndole la cara, ella la miró y le dijo: "Me duele"  
Sin pensarlo, esto fue lo primero que pronunció ante aquella desconocida: 

A dónde vas mujer?
A dónde crees que vas a llegar con tanto apuro?
Por qué correr? Por qué? 
Que tu corazón por más rápido que lata no va a encontrar solución así! Dale un respiro al pobrecito!
A dónde vas con esa manía de apresurar todo?
Ves el atardecer? Ves como cae de a poco el sol y lo maravilloso que es? Así mujer...así

La señora de la prisa sonrío. 
Ella volvió a su hogar, sintiéndose un poco más reconfortada por haber hecho reír a alguien ese día.